Carpelton Green, la ciudad de los fantasmas.
Camelot :: Fortaleza :: Mundos Paralelos
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Machismo del medievo.
- Vete a cuidar de tus hijos, hermanos o de tus padres. - Así de queda y de simple es la respuesta, arisca, que da el templario a Victoria ¿Qué demonios hace una mujer allí? - Aquí no tienes nada que hacer. En este monte, entre estos árboles, el Mal abunda y es una cuestión superior que no está aquí para una campesina. Vete a rezar, si quieres aportar, habla con el párroco y que inicie una misa especial. Esto es asunto de Dios..
Así el templario, Fray Edonard, tira de las riendas para internarse en la espesura forzadamente. No será fácil hacerlo a caballo, su avance va a ser muy torpe y lento; pero es un caballero e irá a caballo. Con dos cojones.
Distorsionado por el casco, nada más dejar atrás a Victoria - No espera ni a ver si obedece, le sigue o qué hace - se deja dominar por cierto salmo, invocado a gritos, que no dejará de repetir una y otra vez:
Así el templario, Fray Edonard, tira de las riendas para internarse en la espesura forzadamente. No será fácil hacerlo a caballo, su avance va a ser muy torpe y lento; pero es un caballero e irá a caballo. Con dos cojones.
Distorsionado por el casco, nada más dejar atrás a Victoria - No espera ni a ver si obedece, le sigue o qué hace - se deja dominar por cierto salmo, invocado a gritos, que no dejará de repetir una y otra vez:
Pater Noster, qui es in caelis,
sanctificétur nomen Tuum,
adveniat Regnum Tuum,
fiat volúntas tua, sicut in caelo et in terra.
Panem nostrum cotidiánum da nobis hódie,
et dimitte nobis débita nostra,
sicut et nos dimittímus debitóribus nostris;
et ne nos indúcas in tentationem,
sed libera nos a malo.
Amén.
sanctificétur nomen Tuum,
adveniat Regnum Tuum,
fiat volúntas tua, sicut in caelo et in terra.
Panem nostrum cotidiánum da nobis hódie,
et dimitte nobis débita nostra,
sicut et nos dimittímus debitóribus nostris;
et ne nos indúcas in tentationem,
sed libera nos a malo.
Amén.
GalanDracos- Caballero de Ni
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Victoria Nelly
Victoria dejó que un suspiro pesado saliera antes de contestar y así hacerlo con templanza. Podía ser tozuda como una mula pero, no era estúpida. Aquel templario, podía acabar con la conversación si no le interesaba de una manera poco deseable y ella tenía mano izquierda para esas cosas.
- Os haría caso si pudiera, pero no tengo a nadie a quien cuidar en la aldea. El monte hace más veces de hogar para mi que mi propia casa en Carpelton, por eso conozco cada palmo de terreno como si fuera la palma de mi mano. Si creéis que el rechoncho párroco, más entusiasmado en la cata de caldos que en las penurias del prójimo ayudará a vuestra causa, permitidme deciros que estáis errado y por último, dejad de cantar de esa manera, si como decís el Mal está aquí, fueron seres más mundanos los que lo atrajeron a estas tierras y esos se pueden tocar y tienen oídos.
Estaba claro que aquel hombre haría su voluntad, pero si al menos conseguía que entendiera que con aquellas voces ahuyentaría hasta un fiel perro, se daría por satisfecha. Ya pasaba el mediodía y entre los árboles de la linde del bosque más espeso de la ladera, se sentía cierto frescor que se podía agradecer. Recolocó su bolsa con los utensilios que había dispuesto para aquella “caza” sobre su hombro y atrochó entre dos pinos jóvenes cuyos chupones impedían un paso no forzado entre ellos.
- Os haría caso si pudiera, pero no tengo a nadie a quien cuidar en la aldea. El monte hace más veces de hogar para mi que mi propia casa en Carpelton, por eso conozco cada palmo de terreno como si fuera la palma de mi mano. Si creéis que el rechoncho párroco, más entusiasmado en la cata de caldos que en las penurias del prójimo ayudará a vuestra causa, permitidme deciros que estáis errado y por último, dejad de cantar de esa manera, si como decís el Mal está aquí, fueron seres más mundanos los que lo atrajeron a estas tierras y esos se pueden tocar y tienen oídos.
Estaba claro que aquel hombre haría su voluntad, pero si al menos conseguía que entendiera que con aquellas voces ahuyentaría hasta un fiel perro, se daría por satisfecha. Ya pasaba el mediodía y entre los árboles de la linde del bosque más espeso de la ladera, se sentía cierto frescor que se podía agradecer. Recolocó su bolsa con los utensilios que había dispuesto para aquella “caza” sobre su hombro y atrochó entre dos pinos jóvenes cuyos chupones impedían un paso no forzado entre ellos.
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Nindë- Hereje

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MASTER
La montaña era traicionera y un día de sol bien podía convertirse en una tormenta fuerte y rápida. Una barda enorme se había formado en el horizonte y había frenado su avance en las inmediaciones de la ladera oeste. Era la zona de barlovento y por lo tanto la zona a esquivar siempre que se pudiera, pero no siempre era posible elegir un camino cuando la decisión no versa sobre la montaña y sí sobre lo que alberga.
La tarde había caído rápido, como lo hace a finales de verano, cuando aun se piensa que la noche tarda en llegar y sin embargo, se vierte la oscuridad sin remisión sobre el paisaje incauto que aun busca los rayos de sol. Pero esa apreciación solo podía hacerse desde la montaña, desde ella se podía ver como la luz que enjalbegaba amarillentos los matices del paisaje, tornaban en morado y azul plomizo, mientras allí arriba el sol había desaparecido entre bardas oscuras que lo había acorralado sin remisión. Una buena vista, podría distinguir como las gentes llevaban ropas ligeras, más propias de julio que de finales de septiembre, mientras que en aquella montaña, se hacía precisa la pelliza, la zamarra o la capa de lana. Sin duda , la noche artificial de la tormenta había llegado a la montaña.
La tarde había caído rápido, como lo hace a finales de verano, cuando aun se piensa que la noche tarda en llegar y sin embargo, se vierte la oscuridad sin remisión sobre el paisaje incauto que aun busca los rayos de sol. Pero esa apreciación solo podía hacerse desde la montaña, desde ella se podía ver como la luz que enjalbegaba amarillentos los matices del paisaje, tornaban en morado y azul plomizo, mientras allí arriba el sol había desaparecido entre bardas oscuras que lo había acorralado sin remisión. Una buena vista, podría distinguir como las gentes llevaban ropas ligeras, más propias de julio que de finales de septiembre, mientras que en aquella montaña, se hacía precisa la pelliza, la zamarra o la capa de lana. Sin duda , la noche artificial de la tormenta había llegado a la montaña.
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Nindë- Hereje

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Alguacil Ascot
Un frío rápido y esquivo le lamió la nuca y se llevó la mano para quitarse esa sensación mientras aun le recorría la paletilla derecha. Una tormenta se avecinaba sin duda y así era, confirmado cuando se giró en dirección a la montaña. Aun con la mano sobándose el cogote guiñó un ojo para enfocar la imagen de la gran mole, como si con ello pudiera ver hasta el más insignificante detalle de lo que escondía. Los que habían partido en pos de una respuesta, deberían andarse con cuidado si no eran duchos en terrenos montañosos, pues las tormentas allí arriba no eran cosa baladí.
-Anuncian el otoño, las lluvias digo, el otoño llega de nuevo y ni una sola pista.
Le hablaba a su ayudante que permanecía a su lado, con las manos a la espalda esperando a que terminaran de montar uno de los puestos de aquella feria. Por lo general, el agua no llegaba hasta el pueblo, la montaña parecía atrapar aquellos nubarrones como si fueran un tesoro preciado y solo dejaba para Carpelton unas ventiscas demasiado frías para aquella época. Un tiempo de locos el de aquel año. Ese mismo día que empezara con un calor que abrasaría al mediodía, terminaba con una caída de la temperatura que se notaría cuando se cerrara la noche. Pero la feria no se resentiría por eso, si lloviera si, pero por un viento frío...
-No te preocupes, esa endiablada mujer sabe cuidarse. No se si el templario también pero ella sin duda volverá.
Había adivinado cierta preocupación de Philliph por Victoria y con aquellas palabras pretendía aliviar su pesadumbre.
-Anuncian el otoño, las lluvias digo, el otoño llega de nuevo y ni una sola pista.
Le hablaba a su ayudante que permanecía a su lado, con las manos a la espalda esperando a que terminaran de montar uno de los puestos de aquella feria. Por lo general, el agua no llegaba hasta el pueblo, la montaña parecía atrapar aquellos nubarrones como si fueran un tesoro preciado y solo dejaba para Carpelton unas ventiscas demasiado frías para aquella época. Un tiempo de locos el de aquel año. Ese mismo día que empezara con un calor que abrasaría al mediodía, terminaba con una caída de la temperatura que se notaría cuando se cerrara la noche. Pero la feria no se resentiría por eso, si lloviera si, pero por un viento frío...
-No te preocupes, esa endiablada mujer sabe cuidarse. No se si el templario también pero ella sin duda volverá.
Había adivinado cierta preocupación de Philliph por Victoria y con aquellas palabras pretendía aliviar su pesadumbre.
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Nindë- Hereje

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Re: Carpelton Green, la ciudad de los fantasmas.
FIN
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Nindë- Hereje

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