Carpelton Green, la ciudad de los fantasmas.

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En nombre del Padre...

Mensaje  GalanDracos el Vie Nov 14, 2008 2:14 pm

Almenos el caballero, concordando con el título, se santiguó ante la discusión de fantasmas. No intervinó, pues a Edonard le preocupa más que el alguacil provoque un tumulto o expanda el pánico por, la hasta ahora, festiva aldea.

- ¡Maese, piense con atenlación! Si expande la noticia a los cuatro vientos, causará un miedo y una intranquilidad que podrían ser innecesarias si vemos qué ha ocurrido y si desterramos el demonio. - Afirma de forma sentenciadora, seguro de que proceder han de seguir. Liderazgo innato.

Aunque dejándole unos momentos para conversar y organizarse con su acompañante, el templario no detiene su camino. Agitado y continuamente revisando sus armas y rezando entre dientes, se aproxima a los dos jóvenes.


- Los fantasmas no existen, olvidar esas fábulas. - Interiormente, eso está dirigido a si mismo. Edonard se palmea la cruz de su pecho, tanteando la cota de mallas y el cuero bajo ella. - ¿Quiénes sois? No debéis implicaros en tareas de... - Echa una ojeada al alguacil. - ...de mayores.

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El Alguacil

Mensaje  Nindë el Vie Nov 14, 2008 5:38 pm

Se sacó una vez más el pañuelo del bolsillo y con el recogió el fruto de su alterado estado. Miles de perlas empaparon el tejido dejando la frente de nuevo seca y lista para que un nuevo sobresalto la volviese a perlar. El templario tenía razón, se podría levantar tal tumulto que lo de menos sería el daño que los “fantasmas” que nombraban los muchachos, pudieran hacer en la aldea. También se santiguó cuando Edonard lo hizo, acorde con los modales del templario, al cual le estaba cogiendo un afecto que iba más allá de la amistad y que rayaba en la necesidad de un guía presto a la solución efectiva de los problemas. Philliph había dado una trayectoria a su camino para encontrarse con ellos pues no seguían la dirección de la calle principal y en su camino saludó a Victoria con un cabeceo algo frío. Había intentado desposarla en dos ocasiones y en las dos ella le había dado calabazas. Ahora sentía hasta cierto rencor por esa mujer más tozuda que una mula, pero no perdería sus modales de ayudante del alguacil.

Cuando llegó hasta la comitiva que dirigía sus acelerados pasos hasta la casa de la curandera, el alguacil le habló bajo mientras el templario se dirigía a los muchachos. Philliph no se percató de que Victoria le seguía, primero de forma casual pues llevaban la misma dirección y después más intencionalmente al darse cuenta de que el alguacil iba seguido por un extraño caballero, el chico de Grey y la hija de la curandera.

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Victoria Nelly

Mensaje  Nindë el Vie Nov 14, 2008 5:40 pm

Victoria había llegado a la aldea con una partida de pieles. Las había curado para que estuvieran listas en la feria. Sacaría una buena suma si hacía buenos tratos y eso esperaba desde luego. Cuando vio pasar a Philliph, también saludó con cortesía, como lo haría con cualquier otro y se dio cuenta que Philliph lo hacía casi con obligatoriedad. Sin duda no le habría perdonado el rechazo, pero tampoco era una cosa que le robara el sueño. Pensaba en llegar hasta la herrería donde le afilaran los cuchillos que utilizaba para sacar las pieles y por desgracia era el mismo camino que llevaba Philliph. Sin embargo, aunque había pensado en entretenerse para que él no pensar que lo seguía, no hizo falta, pues el soldado había acelerado tanto el paso que se tropezó en dos ocasiones con las piedras que cubrían aquella zona, maldiciendo y escupiendo al suelo por ello. Cuando iba a entrar en la herrería, vio al extraño acompañante del alguacil y a dos muchachos, Patrice y Arnold. La cara del alguacil Ascot y el cuchicheo que se traía con Philliph, además de la compañía que todos formaban era algo sobradamente extraño, pero no era de su incumbencia y quería terminar con lo de los cuchillos cuanto antes. Llamó a la puerta pero estaba abierta y sin nadie que atendiera.

-¿Eric? , ¿estás aquí?. Tengo unos cuchillos para que me los prepares un poco…¿Eric?.

No había nadie salvo ella en aquel lugar, así que se asomó afuera para ver si encontraba a l herrero.

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Patrice de Makalar

Mensaje  Ivorwen el Dom Nov 16, 2008 8:05 pm

*Patrice condujo a la comitiva hasta una casita baja y amplia al final de una de las calles. Era modesta y austera pero impoluta. Cosa poco corriente por la zona pero más que buena para los enfermos que allí yacían hasta su mejoría. Pocas paredes delimitaban las habitaciónes aparte de las cocinas y las habitaciones de Patrice y su madre el resto era como un enorme salon lleno de camas y armaritos con cientos y cientos de botes de hierbas y preparados de su madre.

- Bien, entremos. Espero la imagen de las dos mujeres no dañe su sensibilidad. No estan heridas... pero su color es blanquecino casi amarillento... apenas articulan sonido y su mirada está... vacia. No hagan ruido por favor el resto de los enfermos no tiene porque ser alertado ni molestado. - empujó la puerta con suma cautela y los invitó a pasar.

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Grey

Mensaje  Misterioso_Lord el Lun Nov 17, 2008 3:31 pm

Arnold se cuela entre los presente para poder ver mejor a las convalecientes y al hacerlo no puede evitar una exclamación de sorpresa, asombro y terror todo en uno. De la impresión sale corriendo y tropieza con una roca cayendo al suelo. Allí se hace un ovillo y llora de pánico.

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Victoria Nelly

Mensaje  Nindë el Lun Nov 17, 2008 5:22 pm

No había nadie, de eso estaba más que segura. Había buscado en la trasera del taller, incluso en la casa contigua que hacía de vivienda. Una costrucción que siempre estaba pulcramente adecentada, con olor a pan recien hecho y flores en un vaso sobre la mesa. Desde que la esposa de Eric marchara a ver a unos familiares, no presentaba el mismo aspecto pero no dejaba de ser un lugar acogedor. Salió fuera, colocando una mano a modo de visera para poder otear algo que le indicara donde podría encontrar al herrero. Resopló al no ver nada más que gente con sus actividades cotidianas y...¿Arnold? si, era el chico de Grey el que salía ahora corriendo de la casa de la curandera y parecía asustado. Cuando llegó a él, el chico había dado con sus aterrorizados huesos en el suelo y lo abrazó contra si para tranquilizarlo.

-Arnold, ¿pero que te ocurre? parece que hubieras visto un fantasma muchacho..

Acarició su pelo mientras instintivamente, lo balanceaba con suavidad, expresando su compañía y protección mediante un shhh somero y trémulo. Habría sido una buena madre.

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El Alguacil

Mensaje  Nindë el Lun Nov 17, 2008 5:30 pm

-Santo Dios bendito.

El alguacil, se santiguó de inmediato.No se topaba por primera vez con unos "regresados" como les habían nombrado ya en el pueblo, pues cuando a algo se le da un nombre, pierde ese halo de misterio y terror que envolvía todo aquel asunto. Sin embargo, nombrar a los que volvían de su experiencia con sabría Dios qué,mediante un nombre mundano, terrenal y simple, no lo hacía menos implacable y allí tenía el ejemplo. Una madre y una hija pequeña. No respetaba ni a una inocente criatura.

Sacó su arrugado pañuelo del bolsillo para secarse la frente, perlada de nuevo de un sudor frío que anunciaba otra pesada carga para el pueblo de Carpelton Green.

-Señor Edonard, Dios nos ha abandonado y estamos a merced del demonio.

El ayudante Philliph se había quedado blanco al ver a las dos regresadas, pensando que podría ser él el siguiente, o Patrice que estaba a su lado o Arnold que había salido precipitadamente de la casa dejando la puerta abierta y un corredor de esporas de margaritas silvestres que se apostaban a la entrada.

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La voz de Claraval.

Mensaje  GalanDracos el Lun Nov 17, 2008 6:54 pm

Lord Edonard, que también ha pasado dentro, aparta el hombro para no golpear a Arnold al salir. El caballero permanece mudo, solemne, en pie ante las enfermas, las diabolizadas. Ojea al alguacil, negando con un cabeceo, y finalmente a Patrice.

- ¿Y tú madre? Querremos hablar con ella. Y ve fuera con el chico, que no haga ninguna idiotez y vaya a su casa. - No le tiembla la voz, sorprendentemente. Pero no se acerca a la familia del herrero. Pero le tiembla el pulso, y se le pueden ver los puños fuertemente apretados.

El templario empezó a actuar de forma parsimoniosa, sin prisa. Primero se colocó el yelmo, limitando su visión y respiración a la simple rendija del cónico casco. Se anudó bien los guanteletes y acaricia la cruz de ocho puntas de su pecho. Finalmente echo manó a la espada bastarda de su espalda, sacándola de la vaina con el leve ruido del acero frotando contra el cuero. Mantuvo el arma en alto con ambas manos.

Un acero magnífico, brillante ante la luz del Sol que pudiera reflejarse en la hoja penetrando desde las ventanas y la puerta, mostrando inscripciones piadosas y textos del Nuevo Testamento en su hoja.


- Es caballero sin miedo y sin reproche quien protege su alma con la armadura de la fe, igual que cubre su cuerpo con la cota de matalla. - Recita seneramente, en voz alta. - Son palabras de San Bernardo, creador de la regla de mi orden. Aplicaoslas, alguacil, pues nada ha de hacer el Angel Caído ante la fe de los seguidores de Dios. Salid todos, voy a librar a estas dos personas de su mal, por la gracia de Dios. - En otras palabras, matará a las enfermas. Para esta decisión no ha esperado a la curandera madre, ni tiene en cuenta cualquier esperanza sobre reanimación. El demonio ha de combatirse de la forma más eficaz posible. Y es un trato que espera que se tenga con él mismo en caso de caer... convaleciente también.

Espera pacientemente, totalmente inmovil, a que cumplan la orden y abandonen la estancia.

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El Alguacil

Mensaje  Nindë el Mar Nov 18, 2008 6:12 pm

-Pero caballero, como tal cosa decís que hagamos. Que proceder cruel es este que pretendéis.

El Alguacil había visto la determinación en los ojos del templario, poco conocía de las costumbres del continente, de la orden de San Bernardo o de la iglesia cristiana más antigua. Aquellas mujeres pertenecían a su comunidad y era su deber protegerlas del mal que aun no habían sufrido, puesto que el que hecho estaba así había de quedar.

-Nunca se oyó que ningún regresado provocara altercado o ataque alguno a las personas de esta aldea, mueren solos sin que nadie pueda ni evitarlo ni ayudarlos a ello. No vertáis la sangre de estas criaturas y manchéis innecesariamente vuestra firme espada Sir Edonard.

El Alguacil casi suplicaba al hablar, Philliph no lo había visto así nunca. Una mezcla de miedo, de impotencia y de incertidumbre velaban la mirada del alguacil Ascot que apenas podía elevar una mano trémula y fría apoyando sus atropelladas palabras.

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Exorcismo.

Mensaje  GalanDracos el Mar Nov 18, 2008 6:50 pm

La respuesta del caballero es tan firme ahora como sus sangrientas intenciones. La voz ahora adquiere unos tintes metálicos provocados por el casco, un tanto intimidante.

- El demonio está en ellas ¿Acaso no lo veis? Dejarles morir por si solas es darle al Maligno motivo de jorgorio. Es prolongar su agonía ¡Abandonad la estancia!

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Re: Carpelton Green, la ciudad de los fantasmas.

Mensaje  Ivorwen el Vie Nov 21, 2008 4:07 pm

*Patrice puso los ojos en blanco al oirlos

- No hay ningún demonio mi señora madre ha salido al bosque... habrá ido a por hierbas estimulantes. Las necesitan. Estan bajo un shock o algún trauma... demonios dice... el demonio existe tanto como su Dios o cualquier Dios de otras culturas... nada. ¿Su Dios habla? no. ¿Se puede ver? no. - gruñe y mira a ambos repetidamente asegurandose que todos la oyen - Solo es una enfermedad... como tantas otras... tambien los locos están poseidos según algunos pueblos con medicación logran sanar... no puedo creer que alguién como vos que ha viajado y visto mundo siga pensando así...

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Arnold

Mensaje  Misterioso_Lord el Dom Nov 23, 2008 11:44 am

Arnold se recupera poco a poco hasta pasar del pánico a los llantos y d elos llantos a los sollozos.
Tarda en responder a Victoria pues la imagen de la mujer y la hija no se le van de la cabeza. Aún siendo algo mayor que la muchahcha la conocía de cuando podía escaparse a jugar y el cambio físico era notable y eso fue lo que más le impresionó.


-Quiero irme de aquí- sollozo-Quiero abandonar este pueblo y marchara muy lejos. No quiero convertirme en ... en... -Señala la puerta- eso. ¿Crees que nos llevarán a todos? ¿crees que irán a por mi?

Mira a Victoria a los ojos cuando realiza las preguntas pero no puede evitar mirar de reojo la puerta y la gente que hay dentro.

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Victoria

Mensaje  Nindë el Dom Nov 23, 2008 5:55 pm

Las voces provenían del interior de la casa y Victoria dedicó una fugaz mirada hacia la puerta, volviendo a los ojos acuosos de Arnold Grey.

-Shhh, Arnold, nadie vendrá a por ti, tranquilízate.

No hacía falta más, ya sabía lo que pasaba y dejó que el aire que se le había solidificado en los pulmones, se perdiera por su boca entreabierta como un vómito de lava caliente que le abrasara el interior. Sonrió forzadamente a Arnold y le revolvió el pelo.

-Quédate aquí, voy a ver que pasa y si quieres te acompañaré a tu casa par que no vayas solo.
No dejó que respondiera, le colocó el flequillo y se levantó rumbo a la casa de la curandera. Cubrió con su cuerpo la entrada abierta, negando la claridad que atravesaba desde fuera hacia el interior. LAs últimas palabras las pudo descifrar demasiado bien para su gusto, pero por otro lado, ya estaba en el asunto le gustara o no y saber era mejor que no saber.

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Re: Carpelton Green, la ciudad de los fantasmas.

Mensaje  Nindë el Dom Nov 23, 2008 6:11 pm

Thomas Ascot no era un tipo brillante, ni siquiera se podía decir que fuera alguien que tuviera ideas modestas para solucionar imprevistos, pero lo que si tenía era un don para salvaguardar el orden no dejando que nada se fuera más allá de sus cortos dominios mentales. El Templario era una buena baza para encontrar el foco del problema y la solución. Tanto el Alguacil como sir Edonard coincidían en que el demonio estaba campando como lobo por el monte en aquella aldea. Sin embargo no podía permitir que usara aquellos métodos que podrían ser efectivos según la iglesia, pero que sin duda, en una comunidad aun por cristianizar realmente, solo provocaría altercados graves que terminarían con la llegada de las autoridades eclesiásticas con o sin el consentimiento de Sir Calixto. Por otra parte, Patrice siempre había dado muestras de ciertas opiniones extrañas a las que la gente solía sentir cierto reparo y por añadidura la creencia de que tanto ella como su madre, tenían ciertas reminiscencias mágicas de los antepasados que se habían relegado con la llegada del cristianismo. Puesto que Sir Edonard podía fijar su cruzada particular también en la hija de la curandera, se acercó hasta ella y medió, quitando hierro a las palabras de la muchacha.

-Patrice, tu madre te ha enseñado bien a respetar a tus mayores, no tengas estos modales con Sir Edonard, el solo pretende el bien, aunque con métodos algo radicales.

Esperaba que la muchacha comprendiera la delicada situación que se estaba desarrollando en aquella estancia y quiso seguir argumentando cosas para suavizar el ambiente, pues eso era lo único que sabía hacer en realidad para mantener el orden en aquella aldea dejada de la mano de Dios. Pero cuando su cabeza terminaba de hilar otra frase tranquilizadora que hiciera razonar a Sir Edonard, la entrada se oscureción y Victoria Nelly entró en la casa.

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Victoria Nelly

Mensaje  Nindë el Dom Nov 23, 2008 6:34 pm

Ascot estaba de espaldas a ella y la joven Patrice también, de frente un caballero con una extraña vestimenta que no había visto nunca. Tenía un acento extraño al hablar y sus palabras podrían arrancar un escalofrío a cualquiera. Pero Victoria había comprendido que las palabras aunque son solo palabras pueden hacer un gran daño y las palabras dichas por alguien de armas, son mucho más peligrosas. El alguacil no conseguiría hacer cambiar de opinión al caballero, su padre le había enseñado que un animal peligroso que tiene una presa, solo la suelta si le enseñas una presa mejor y eso era lo que necesitaba aquel hombre.

-Siento interrumpir la velada,pero si el demonio les ha hecho esto, no es en ellas donde lo encontraréis sino en el monte, donde hay muchas pistas de su rastro. Perder el tiempo aquí es de necios y más valioso es buscar las cosas donde están y no por donde pasaron hace tiempo.

El ayudante Philliph miró al suelo, aquella era la mujer tozuda y fuerte que le había negado su mano dos veces y que sin duda nunca llegaría a controlar. Movió la punta del pie como si estuviera pisando un insecto molesto, mientras ella se retiraba un mechón de cabello detrás de la oreja.

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